LA MEMORIA DEL AGUA

4 06 2014

Pepe Palacios

Pasear la mirada detenidamente por unos cuadros para acceder a un viaje desde la fría Antártida hasta las cálidas dunas de Cádiz. Esa es la propuesta de esta exposición titulada “La Memoria del Agua”. Su autores Julián Delgado y Pepe Palacios se han unido en un proyecto cuyo hilo vertebrador es la huella dejada en la naturaleza por este bien que ha servido para crear un precioso y estimado patrimonio cultural, unos paisajes singulares y únicos en ambos casos. La alianza entre estos dos grandes pintores para llevar a cabo esta muestra revela no sólo una afectuosa amistad personal y un gran interés común por este género pictórico, sino también un deseo por la búsqueda de la otra memoria, la que se almacena en todos nosotros y que estos paisajes evocan como reflexiones intimistas. Son sitios silenciosos, lejos del ruido y los “megabytes”; solitarios donde te oyes a ti mismo e idóneos para reflexionar. Estos valores intangibles expresados en sus obras pueden ser captados por el espectador a través de los espacios abiertos, los grandes planos que actúan como zona de reposo y a través de pinceladas de color que sugieren las dunas, la montaña o el mar.

En estos malos tiempos para la expresión y la creatividad los cuadros de esta muestra cuentan con una atmosfera sensorial trasmitida por la mano de los buenos pintores. Estos artistas han bebido de muchas fuentes, desde los paisajes románticos productores de emociones hasta de los impresionistas que buscan en la naturaleza real sus motivos, llegando a desarrollar a través del trabajo sus propios estilos. Tampoco son ajenos a los movimientos modernos pero ellos han apostado por la pintura de forma tradicional, usan el óleo, el acrílico, el lienzo, el papel y las tablas. Su investigación pictórica parte de la figuración hacia la búsqueda de la síntesis y de cierta abstracción.

Julián Delgado a veces elabora una pintura detallada, otras son manchas que en los formatos más pequeños llegan a conformar composiciones abstractas destacando principalmente el color y el gesto. Un elemento distintivo y que caracteriza su obra son los códigos binarios que actúan como elementos que vibran y componen; tienen principalmente un significado visual aunque parecen recordarnos que no podemos escapar del mundo tecnológico, como si fuera el ADN de la actualidad por muy alejado y desértico que esté el paisaje. Su pintura es limpia, de trazo seguro y llena de matices; los azules contrastan con las pinceladas blancas que te hacen sentir el hielo y las montañas heladas en la cumbre muestran laderas de tierra y verde.

Pepe Palacios trabaja con menos materia, usa manchas transparentes que se fusionan unas con otras creando texturas y matices. Son composiciones de espacios abiertos, cielos y dunas construidos con grandes manchas de colores tierras, verdes y grises que sugieren un paisaje muy gaditano. Tanto como “Palaciano”, porque los que conocemos su obra no sabemos si es Pepe el que se inspira en esta naturaleza o es ella la que mira sus cuadros. Este artista siente una ilimitada y contagiosa debilidad por estos lugares, tal vez porque estos espacios funcionan como una metáfora de paz y espiritualidad, unos sentimientos profundos y una necesidad vital personal que no se escapa del pincel y que bien refleja y transmite en su obra.

En este proyecto a dúo, de manos templadas por el oficio, hay maestría.





043 LAS AZOTEAS DE CÁDIZ, EL LAZO VITAL DE CECILIO CHAVES

10 11 2012

Un sugerente diálogo entre realidad y representación es el que nos plantea Cecilio Chaves en esta muestra. No hace falta que ustedes suban a ninguna azotea para disfrutar del cielo gaditano y de su arquitectura entrañable de terrazas y torres. Durante estos días pueden dar un sencillo paseo por el Mercado de Cádiz, donde las reproducciones de las pinturas del artista le llevarán a esas cubiertas luminosas y le permitirán planear por la calidez del ambiente de esta ciudad.

La muestra la componen grandes reproducciones de cuadros, en los cuales sobre los colores cálidos aparecen los perfiles que van creando una sugestiva visión de este paisaje urbano. Bajo una geometría ordenada, colores, luces y sombras conforman el itinerario de un juego invisible que inconscientemente te transporta de plano en plano, de los blancos a los grises, azules, hasta el horizonte y hasta el cielo claro e impoluto. No hay ni una nube ni una borrasca, ¡qué amabilidad la de Cecilio!, para sus pinturas no existe crisis ni futuro incierto. Tal vez porque, como él mismo dice, el escenario de su niñez, de sus celebraciones familiares, de sus juegos y gamberradas se mantiene en su memoria y en sus cuadros para llenar, así, el vacío que siente desde que se marchó de Cádiz.

En este universo “ceciliano” no hay representación ideológica sino un estudiado y analizado paisaje a través del cual su plástica ha llegado a la cumbre desde el punto de vista conceptual, formal y temático. Cecilio Chaves es un artista lleno de oficio que ha logrado dominar el pincel, la composición, el dibujo, la textura. Incluso cuando diserta sobre pintura, este artista se crece y planea por el aire con pasión describiendo su proceso pictórico, o la mejor manera de coger el pincel, manchar un cuadro o ¡cuáles son los mejores trapos! Para manchar tienes más fuerza si coges el pincel como si fuese un palo, ;-) tienes más fuerza para presionar;-) y cansa menos”.

Comenzó su vocación siendo un niño y la culmina con la licenciatura en Sevilla; más tarde establece su residencia en Galicia, allí pasa la mayor parte del tiempo aunque le gusta compaginarlo con estancias cortas en otras ciudades, hecho que cómo él mismo dice, le sirve de estímulo, le hacen sentir vivo y acumular experiencias. Pienso que intuye que sin vivir no hay nada, ni incluso pintura. Yo, sin embargo, intuyo que este trabajador, intuitivo y apasionado artista, ha cambiado poco en estos años lejos de Cádiz, sencillamente, está madurando un trabajo; tamizando su pasión por la experiencia gallega y convirtiendo sus terrazas en auténticos iconos. Sus cuadros aquí expuestos nos recuerdan que el Arte no necesita de ninguna otra cosa que talento verdadero y auténtica pintura, un atractivo muy honesto, por eso nos gusta Cecilio Chaves. En este sentido él también se ha pronunciado: El paso del tiempo y el conocimiento de nuevas formas de trabajo a través de compañeros aportan  una fuente inagotable de recursos para  aplicar en  tu trabajo. No deberíamos hacernos extremistas de un medio en concreto, porque en mi opinión esto cierra demasiadas puertas. El medio elegido por cada artista para representar su idea no debería condicionarla para nada. Mi idea es hacer una reflexión a partir de los conceptos llamados tradicionales, analizando el sentido de la creación desde un punto de vista representativo de la realidad que nos envuelve a diario.”

En este sentido, Cecilio Chaves tiene una mente lúcida, observadora del entorno, capaz de desgranar y sintetizar la complejidad de este paisaje urbano compuesto de perspectivas, luces y sombras. Por otra parte y como él mismo ha dichoel cuadro es a la vez la metáfora de una forma de ver la vida, así es, estas pinturas también son el prisma a través del cual el artista nos muestra una forma de enfrentarse a ella, ¡dulce y disfrutona!, porque son unos cuadros maestros, encendidos con el mejor oficio para hacerte olvidar,  por unos instantes, los días grises.

Tras hacer un recorrido por la trayectoria de Cecilio Chaves se comprueba con claridad su personalidad artística marcada por el interés de la superación técnica y dirigida por la permanente idea de representación de la realidad y el universo formalista. Pero también se vislumbra, por su evolución, la necesidad de adentrarse por nuevos itinerarios estéticos y tal vez por nuevos materiales. Las composiciones se han hecho más complicadas; las diagonales incluso en las sombras y las luces dominan la imagen; el cuadro consigue un difícil equilibrio entre las partes y un contraste ajustado. Dominan los colores grises y azules con planos rojos y marrones estratégicamente situados que forman un brillante juego compositivo. La luz entra lateralmente, es el atardecer, trazando sombras alargadas y creando un espacio intermedio que produce la sensación de profundidad. Esa tercera dimensión también es simulada de forma geométrica por los infinitos planos que fugan en el horizonte y cómo no, con la maestría de saber esbozar los elementos distantes con cuatro trazos, algo desdibujados, dejando el enfoque para los primeros planos. Su evolución gira hacia las manchas sueltas como trozos de pintura, brochazos y chorreones, hacia un cierto informalismo y más abstracción. Se puede ver una reformulación en clave contemporánea y sólida del clasicismo más puro. Por ello es posible también entrever que su viaje plástico no ha finalizado y que su inquietud creativa le hará ir más allá, hacia el horizonte que siempre pinta donde nadie sabe lo que hay y le hará cruzar ese abismo de vértigo, desconocido e incontrolado, en el que los artistas se sumergen y exploran para sorprendernos después a los amantes del Arte.

Ésta es una preciosa iniciativa de arte y calle, que parece rendir mérito también a una generación de jóvenes artistas gaditanos, pero nos permite, sobre todo, disfrutar y conocer mejor la obra de Cecilio Chaves en este particular momento de madurez y de abismo en el horizonte (¿o es crisis de los cuarenta?).





038 MUJJERES ARTISTAS (II)

17 02 2011

“El fin del mundo” de Lita Mora

Según un principio de astrofísica el mundo es fundamentalmente estable y hay que poner mucho empeño para acabar con él, o también mucha imaginación para visualizarlo plásticamente como esta artista. En la fotografía vemos la obra titulada “El fin del mundo”. Se trata de una obra de Lita Mora datada en 1986 y conservada en el Museo de Cádiz. Es otra pieza de esta institución encuadrada en el contexto del postmodernismo, lo que atestigua una vez más como en este período la explosión cultural española fue unida a la participación artística de la mujer. En nuestro país tuvo especial relevancia la llamada “movida madrileña”, de la que fue partícipe Lita Mora. Su mundo iconográfico está lleno de dioses y diosas, de mitos y naturaleza, de mar y viento, como en este lienzo con fuertes trazos expresionistas de color. Hay en esta obra una actitud muy personal de enfrentarse al arte. Se presenta una escena altamente expresiva y dramática, empezando por el mismo título, la cual está muy alejada de la realidad tanto en el contenido como en la forma de resolverlo de trazo espontáneo y rápido, con un estilo pictórico cuya finalidad es impactar emocionalmente al espectador. La imagen te llega como un grito que quiere entrar rápido por los ojos y por la piel para azuzar una marea de sensaciones. Por otra parte, se puede intuir el placer manipulador, casi de catarsis emotiva, experimentado por la artista durante la realización de esta pintura.

A lo largo del siglo XX nos encontramos con un número de mujeres que han dejado su talento expresado en las artes plásticas y que influyen tanto en las creaciones de mujeres como en las de hombres de este reciente siglo XXI. Ellas están definiendo un territorio propio en un mundo aún dominado por los hombres, veremos sus resultados.





037 MUJERES ARTISTAS (I)

4 02 2011

“Hacia el punto cero” de Mercedes Santos

En la fotografía vemos el primer módulo de un tríptico titulado “Hacia el punto cero”. Se trata de una obra de Mercedes Santos datada en 1991 y conservada en el Museo de Cádiz.  El contexto cultural en el que se encuadra es el postmodernismo, época (años ochenta e inicio de la democracia) en la que las mujeres se incorporan con normalidad a todos los campos creativos. En el siglo XX las mujeres se beneficiaron de las luchas iniciadas por sus congéneres en el siglo anterior, pudiendo acceder a los mismos estudios de bellas artes que los hombres, participar en concursos y ganar premios. Pudieron participar activamente en la escena artística creando pinturas y esculturas que cubrieron todas las facetas del arte visual desde la figuración hasta la abstracción. Pero, resulta interesante conocer,  cuando indagas en estas artistas y algo más en sus trayectorias profesionales, que es siempre un acceso minoritario y exento totalmente de esa normalidad o paridad con la que se le quiso igualar respecto a las oportunidades de los hombres, situación que perduró durante gran parte del siglo.

La obra de Mercedes Santos se conforma de elementos materiales como trozos de papel, de trazos y manchas pictóricas y de números y palabras que dotan al conjunto de un aspecto caligráfico y gestual heredero del Informalismo. Esta pintura abstracta está realizada con materias diversas a las clásicas, rechaza el dibujo, el control y la concepción tradicional de la pintura, en cambio le gusta la mancha y el gesto que junto con los materiales conforman la expresión artística, resultando una propuesta extrema y opuesta al arte figurativo. El espectador se enfrenta a su lectura libremente y lo que es más interesante sin pensar si ha sido realizado por una mujer o por un hombre.





034 EL TAJO DE LAS FIGURAS

25 12 2010

Un legado de más de 500 figuras

A lo largo de la Península Ibérica se distinguen hasta cuarenta y ocho enclaves rupestres visitables, cuyas expresiones artísticas representan el legado más remoto de la Humanidad. Están unidas al Homo Sapiens, el tipo humano anatómicamente moderno, el mismo al que pertenece toda la población contemporánea. Esta manifestación artística es la de mayor duración de la historia, 30.000 años de vigencia, y la más universal ya que se distribuye por toda la Tierra.

 En nuestra provincia se encuentra el Conjunto Rupestre del Tajo de las Figuras. Se trata de un abrigo natural conformado por un conjunto de cuevas: Tajo de las Figuras, Del Arco, Cimera, Negra, Alta, del Tesoro o de la paja y de los Pilones. El Conjunto se encuentra situado a pocos kilómetros de Benalup-CasasViejas, en la antigua laguna de la Janda. La cueva del Tajo de las Figuras contiene más de 500 figuras pintadas en sus paredes de rocas. Los motivos son de diversos tamaños, estilos y colores, los cuales representan figuras humanas, animales como cérvidos y aves y signos. Estas pinturas de colores rojos, amarillos y blancos, cuya cronología probable es el Paleolítico Superior y el Bronce Inicial, son extremadamente delicadas y frágiles.

Las manifestaciones artísticas rupestres deben ser especialmente tratadas para su uso cultural o turístico y en algunos casos no ser habilitado para ello ya que no toda la sociedad está aún preparada para entender y respetar lo que es el arte rupestre. No es erróneo pensar que el desconocimiento de su existencia es lo que ha mantenido en muchas ocasiones la conservación de estas pinturas. Conservar estas joyas de nuestro arte más antiguo y de su entorno natural es una de nuestras grandes responsabilidades.





033 FRANCISCO MENESES OSORIO

18 12 2010

“San José con el Niño”

El siglo XVII, esa época apasionante y convulsa, en la que se experimentó una exaltación de las artes, sigue siendo un período atractivo para el conocimiento de la sociedad gaditana y de los artistas que en esta zona trabajaron. Meneses Osorio, continuador del estilo de Murillo, formó parte de ellos. El artista se encargó de concluir el lienzo central de los Desposorios místicos de Santa Catalina que Murillo dejó inconcluso al caer del andamio en los Capuchinos de Cádiz. En el Museo provincial se conservan algunos de los cuadros de este autor, pero hoy nos detenemos en el cuadro titulado San José y el Niño, conservado en la iglesia más antigua de Puerto Real, la Iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, situada en la también calle más antigua del municipio.

En el siglo XVI los españoles se convirtieron en fieles seguidores de San José, las órdenes monásticas fueron quienes se encargaron de dedicarle una capilla por iglesia y difundir su culto entre los feligreses. La Iglesia estableció la festividad del santo el 19 de marzo de 1621 reconociendo de esta manera la valía de la figura del San José. El Arte fue, por su parte, el encargado de consagrar y difundir la imagen a la cristiandad. Las representaciones iconográficas de San José son variadas, la más representada es la efigie de San José con la Sagrada Familia. El Santo tomó un lugar importante en la producción de Murillo, quién sacó del casi anonimato al personaje para resaltar sus valores como trabajador y padre de Jesús.  Meneses Osorio por su parte en esta imagen devocional, pintó a San José en una tierna escena junto con el Niño que le acaricia la barba. En el cuadro se aprecian las características de la Academia sevillana a la que perteneció el artista entre 1666 1672, una pintura de gran naturalismo y  libertad en la pincelada y en la estética.





018 FELIPE ABARZUZA

2 07 2010

Las pinceladas de colores golpean los sentidos

 LAS PINCELADAS DE COLORES GOLPEAN LOS SENTIDOS

En la capital gaditana se abrió paso la modernidad con el realismo y el impresionismo de la mano de una generación de artistas como Abarzuza, Godoy, Ruiz Luna, de paleta alegre, colorista y de dibujo espontáneo y directo que habían perfeccionado con su formación  en Madrid y París. Felipe Abarzuza fue una de esas figuras, señeras, capaz de renovar con su vuelta a la capital gaditana el ambiente artístico de la ciudad y no solamente por su influencia como pintor, sino como gran activista de la actividad cultural local. De Madrid trajo los aires nuevos del iluminismo y los postulados del impresionismo: deshace los contornos, trata de captar el momento preciso, y como no, trabaja los trazos y las pinceladas de color sueltas y decididas.

La sala VII del Museo de Cádiz, con la pintura de la primera mitad de siglo, es una excepcional muestra de este momento en la ciudad. Los colores, la luminosidad y las pinceladas son las protagonistas, el tema trata el paisaje, convertido en género pictórico por excelencia. Este tema cuyos referente es el entorno cotidiano, permiten por su propia naturaleza, mayor libertad al artista para adentrarse en la investigación plástica entendida como un reto personal a cumplir. En esta sala, el arte se convierte en una realidad en sí misma que te golpea los sentidos y hasta el ánimo. De todos ellos, Felipe Abarzuza ocupa un primer plano con sus obras Opera prima, Playa de la Barrosa y El jardín del olivillo. Este óleo representa una zona del jardín con plantas, flores y macetas, sin más, pero su tratamiento pictórico de pinceladas vibrantes produce destellos de colores contratados que sugieren las formas y la atmósfera con gran fuerza. El arte de principios de siglo gaditano sigue ahí, erguido, a pesar del paso del tiempo.





016 GUILLERMO PEREZ VILLALTA

17 06 2010

Culto a los cánones clásicos y al hombre

Lejos quedaron los ídolos paganos, los iconos bizantinos y los cuadros devocionales, aquellos retratos de dioses a los que se profesaba culto. Guillermo Pérez Villalta, gaditano de Tarifa, arquitecto, pintor, escultor, en este cuadro rinde culto a la pintura clásica y a la figura del hombre. El cuadro que apreciamos en la foto, se encuentra en la sala de arte contemporáneo del Museo de Cádiz, es una obra al temple que representa muy significativamente el llamado movimiento postmoderno. Pertenece a una serie pintada entre 1993 y 1994 donde el artista interpreta temas relacionados con la mitología clásica y con los símbolos culturales occidentales y orientales. Aquí están despojados de su significado original y son usados como elementos de una composición pictórica de la que solo el artista conoce el más profundo y personal hilo que los une. El mismo autor ha dicho respecto a este cuadro: En esta época estaba trabajando en la imaginería que provenía de lo que podríamos llamar el oriente occidental, es decir, lo bizantino o las lacerías celtas y mozárabes. Me pareció interesante enfrentar ese mundo fantástico al más racional y luminoso de Piero della Francesca o a cierta pintura metafísica.

Esta inspiración del mundo postmoderno en los temas clásicos abarca también la metodología, las formas y los estilos antiguos, dejando atrás las vanguardias basadas en la experimentación y en la evolución. Dejando también la pretensión de universalizar el arte y de eliminar la barrera entre él y la sociedad. Había empezado una época de desencanto y de individualismo provocada por la superación del movimiento moderno, el cual se considera fracasado, hecho que se hizo evidente con la crisis política, cultural e ideológica. Es una época ecléctica, híbrida, moderna y clásica, racional y emotiva, compleja, como lo es también la obra de este artista.





014 IGNACIO ZULOAGA

4 06 2010

Retrato de Micaela de Aramburu y Picardo

Ignacio Zuloaga nació en 1870, la misma generación de Romero de Torres y Anglada Camarasa, entre otros. Fue la generación pionera en salir fuera del territorio español, donde alcanzaron un triunfo inusitado e importantes fortunas. Ellos abrieron el camino a la generación siguiente, la de los ochenta, la de los vanguardistas con Picasso al frente.

Zuloaga a finales del s. XIX viajó a París, el corazón donde bullía la actividad artística, y a principios del s. XX se instaló en Nueva York donde retrató a financieros y aristócratas. Todavía los americanos tenían el punto de mira en el arte europeo y sobre todo en la glamurosa capital francesa.

Hablar de Zuloaga y de ese período español es hablar del encendido debate que mantuvieron los intelectuales a cuenta de las dos visiones de la imagen de España, representadas cada una de ellas por Zuloaga y Sorolla. El primero, representante de la línea negra, trágica, profunda, el segundo de la España de colores, amable y superficial, como la tildaba la generación del 98, con Valle Inclán a la cabeza, por considerar que no era la imagen real del país.

Pero cuando miramos este cuadro, Zuloaga se nos presenta como el pintor de retratos magistrales y exquisitos. Aquí la retratada es Micaela Aramburu con dieciocho años, ataviada muy española con mantilla y peineta. El cuadro está resuelto con una gama de azules elegante y con cierta chispa en el gesto. La pincelada suelta, las formas construidas y el juego de luces y sombras de colores del traje de raso configuran un resultado sorprendente. Tanto, como para acercarse a la sección de Bellas Artes del Museo de Cádiz y deleitarse. Micaela se trasladó a París con toda la familia para ser retratada en 1928.





013 EL JOVEN MURILLO

30 05 2010

Esta última semana de mayo es la única oportunidad para los amantes del arte de poder ver juntas las imágenes del joven Murillo, de acercarse a la pintura de la Sevilla que había sido el corazón donde palpitaba el mundo, cosmopolita y centro de encuentro de todo el territorio recién conquistado, luego diezmada, en la época del artista, por la decadencia económica a la que se vio empujada.

La muestra ilustra, como el mejor testigo de su tiempo, lo que fuimos. A través de los cuadros se muestran los comportamientos de los franciscanos en forma de virtud, como en el conjunto del Claustro Chico de San Francisco que nos narra su vida a modo de modelo a seguir. Con estas telas, sin alarde técnico, más imbuidas por lo artesanal y con vocación monumental, el artista dejó, según los textos, sobrecogido al público. Por otra parte,  la obra de Murillo también capta el latido del otro lado de la ciudad en la pintura de género, considerada la más genuina y personal, la pintura de los desarraigados y desamparados y la de los falsos mendigos, como en Niño espulgándose, (Musée du Louvre, París) y Dos muchachos comiendo melón y uvas, (Alte Pinakothek, Munich).

Por lo demás, su obra religiosa cuenta con escenas de la infancia de Cristo, como la Huida a Egipto, de la que podremos contemplar dos versiones procedentes del Palazzo Bianco de Génova y del Detroit Institute of Art. En estos lienzos la comparación entre las figuras de San José nos revela el aire naturalista, el tono doméstico y el interés creciente por las escenas de la vida cotidiana y el gusto por lo sencillo que impregna su obra. La muestra también cuenta con imágenes de devoción, sobre todo Vírgenes con Niño, figuras como San Jerónimo (Museo de Bellas Artes de Sevilla y Museo del Prado), San Francisco (Catedral de Amberes y Museo de Bellas Artes de Sevilla), San Antonio de Padua (Birmingham Museums Art Gallery), la Magdalena Penitente (Colección Arango y Nacional Gallery of Ireland, Dublín), la Sagrada Familia del Pajarito (Museo del Prado), San Agustín y Cristo peregrino (Museo de Bellas Artes de Valencia) o la Santa Catalina (Colección Focus Abengoa). Como se puede observar, las obras expuestas están dispersas por numerosos museos, de ahí la oportunidad que la muestra nos ofrece, irrepetible.

A lo largo del recorrido la alquimia del pintor deja de ser secreta, se observa el trabajo y la evolución. Las primeras formas son estructuradas, pastosas, contenidas dentro de un marcado dibujo y fuerte contraste. Más adelante desarrolla un lenguaje propio de pincelada más deshecha y colorido delicado, refinado, de tonalidades luminosas y transparentes, de técnica ligera. J Burkman (historiador de arte):”…alcanzó su estilo vaporoso… descuidando el dibujo, aplicando colores degradados y dándole a su colorido un matiz dulzón.”

La muestra es documental y didáctica contando además con la posibilidad  de completar la visión de Murillo con la obra de la colección permanente del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Este autor, que traspasó las fronteras antes que Velázquez y sus cuadros alcanzaron precios mayores que los de Tiziano, que pasó a ser poco valorado en el siglo pasado, con esta muestra alcanza su justo valor. El espectador tiene ante sí una multitud de mensajes para leer, incluso hasta lo que concierne a la comida de la época. De la que, por cierto, hay un interesante artículo en el catálogo.

El Joven Murillo supone una gran apuesta cultural, la de las exposiciones temporales capaces de mover una gran cantidad de público y atraerlos hacia este mundo fascinante del arte donde las personas alcanzan las más altas cotas de expresión. La Consejería de Cultura ha preparado uno de los proyectos más interesantes que haya ejecutado y que probablemente se va a tardar en volver a realizar. Los agentes externos, en forma de crisis económica, amenazan también con mermar las inquietudes culturales.








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